Mesa para uno – por Hugo Muralles

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Personal

I

A cierta edad se tiene el mínimo valor requerido para sacar a bailar sino a la más bonita de las niñas, a la más creativa.

La niña Z. me hacía reír todos los días, constantemente, tanto que llegué a considerar como un grave error sentarme a su lado todos los días.  Mi productividad se veía seriamente afectada; yo tenía una reputación que mantener, sí señor.

Z. era misteriosa. Desaparecía a la hora del recreo. Todos los recuerdos que tengo de ella son haciéndome reir en horario de clase, intentando retomar el hilo de la cátedra debido a la última de sus ocurrencias.  Recuerdo buscarla por todo el colegio a la hora del receso, preguntar por ella incluso… y nada.  Se esfumaba.

Pero el día de la fiesta más importante del año se acercaba.  Mi asistencia a tan gloriosa actividad, desde luego, debió ser provocada por la de ella (aún sin tener esa confirmación porque… claro ¡no podía preguntarle! ¡que iba a pensar de mí!)  Un carajo sabía por aquellos días lo que era bailar (como sucede hasta el presente) y por lo tanto, no había pensado en nada más para decir o hacer.  (Maldita sea ¡¿por cuánto tiempo se baila?!)

Representación

Horas pensando cómo persuadir a la niña más divertida que había conocido jamás para que aceptara mi humilde, entusiasta y por demás inocente invitación a bailar. Pero ¿por qué querria mover su cuerpo al compás del mío? ¿le gustaba tan siquiera hacer eso?

En este tipo de fiestas, nadie hacía uso de la pista de baile sino hasta la quinta o décima melodía.  No sabría señalar la razón exacta; era un fenómeno social interesante, cuando menos.  El ritual consistìa en rodear el salón de baile (las mujeres en un extremo y los hombres en otro) dejar transcurrir el tiempo hasta que la degeneración y el calor humano reclamara todas las almas presentes; el arrepentimiento generalizado se apoderaba de los involucrados bañados en sudor ahora que, digamos, habían entrado en confianza y se movían deshinibidamente (algunos mejor que otros) por haber dejado pasar cinco canciones.

Cualquiera podría anticipar o sugerir el mejor momento para invitar a bailar a Z.: el de la euforia colectiva y justo en medio del conglomerado.  Pero había más ansiedad que temor y decidí hacerlo cuando apenas iniciaba la música.

Z. se limitaba a observar a las pocas parejas que empezaban a moverse tímidamente a pocos metros.  No tenía la mínima intención de formar parte o al menos esa era la pinta que tenía.  Pero los dos estábamos ahí y debía salir de dudas de una vez y por todas.

No.

Fue lo que contestó moviendo la cabeza mientras escondía su rostro lleno de pecas sonriendo como diciendo: sí pero no o, no sé bailar o, no me gusta esa canción pero a ver la siguiente o, me falta la pierna izquierda.

Con más de cien años de historia, el día de hoy la Huelga de Dolores no logra más que provocar pena ajena en la mayoría de casos.  Lo anterior para los más observadores.  Risas nerviosas y carcajadas para los más, diríamos, relajados.

Este año no tengo el más mínimo ánimo de ir a ver borrachos y caminar entre basura.  Probablemente sólo publique un facts about en el que ya trabajo.  También deseo publicar algo relacionado con la historia de Oliverio Castañeda, que ya sólo va dando para ver y hacer desfiles de nostalgia.

Como dicen los Volver:

no quiero oír quejas
quiero ver propuestas

Ya.

Sabía que no llegaría a tiempo a mi destino desde que el taxista decide poner en la radio música cristiana, luego de hacerle saber el recorrido y el tiempo del que disponía para llegar al mismo.

 

Hay sorpresa en la primera de las voces, en la segunda hay resignación y autocompasión; putrefactas las dos.  Nunca volteo la mirada:

Periodista 1: Y vos… ¿ahora en el mundo del espectáculo?
Periodista 2: Sí vos, pero esto no da…

#Guatemala

 

 

- ¿A cómo el dinosaurio?
- A cinco
- ah, gracias

Nunca tan barato; el niño no llevaba suficiente.

 

Tenía ratos de querer escuchar en directo a las Miss Lilith y hasta ahora tuve chance de hacerlo. Sólo llegué a tiempo para sacar el contraluz anterior. Me gustó más cuando se tiran a ¿metal? con sonidos más rápidos y pesados… bueno, bueno.

La Reina Está Muerta era otra banda formada en su mayoría por chavas con un mensaje bien chilero, no había escuchado algo así, lástima que ya murió.   Dejaron grabado algo que pueden bajar.

En válvula de escape encontré un link en la historia con SOS, medalla creo que se llamaba esa canción que inicia tambíen con la risa de el/la vocal, igual es otro rollo/género, ya sé, pero como dato curioso.

Jacque Fresco decía en Zeitgeist algo como que somos tan primitivos que no se dirá más que lo anterior de nosotros como especie/época en los libros de historia.  Pero aquí estamos.  Entonces:

Ya estaba algo sacado de onda ese día por la noticia que encontraba a minutos de almorzar, tenía meses de no tomar la prensa y ¿me pueden culpar?  Pero el tema de la dieta de información es para otro post.

Luego de hacer la foto anterior, se escucharon una serie de balazos y el comportamiento/reacción de la gente, incluso el mío es la razón de este post.   No soy experto en seguridad pero he estado varias veces en estas situaciones y me permito desmenuzar el comportamiento del hombre cuando su vida está en riesgo.

Primero:  Luego de escuchar las balas, se puede tener una idea de dónde vienen, muchas veces equivocada si no hay contacto visual, pero en lo que nos enteramos…

En ese momento me encontraba en la sexta y novena calle, suponía que las balas venían desde la 7 Av. y algo así sucedía porque un par de personas corrían buscando la quinta avenida sobre toda la novena.  Es decir, corrían en línea recta buscando alejarse.

El par de personas que corrían dieron toda la impresión de estar involucradas, no lo hacían como para refugiarse, más bien escapando.  Un error si no tenés nada qué ver en todo eso, claro está.

Segundo:  Toda la gente se reunía en las banquetas a segundos de lo ocurrido, me pareció evidente que el 99% de ellos no sabía qué hacer y es que, claro… no lo enseñan, nadie lo dice.  De entrada, en la sexta está muy jodido con la cantidad de gente que llega ahora a caminar pero refugiarse en un negocio (algunos cierran puertas directamente) mientras estás en el suelo, parece ser la mejor idea.

Quedarse en la calle shuteando no es lo más inteligente.  Están en la línea de fuego, evíten las balas pedidas.

En GuatemalaDP publiqué una versión más romántica, indicando que la gente se mostraba preocupada y que su presencia se podía interpretar como indignación pero igual… al suelo maldita sea.  Sobre todo con los niños por la gran;  en pro de la inocencia.

De modo que en la sexta llega uno que otro extranjero sería ideal buscar un punto de referencia a medida que se alejan para regresar al mismo una vez la situación vuelva a la normalidad, nadie debería estar perdido en el sector a minutos de una balacera.

En Guatemala, por lo menos, no esperen a la policía o que ésta resuelva o se haga presente, nada de eso.  Ponerse a salvo sería su prioridad y no hay más responsables que ustedes mismos.

Por último: Hasta que no estás en una situación así no se te hace un nudo en la garganta y la conciencia total de la situación que se vive es real, ¡mierda! es verdad que hay gente que no encuentra valor en la vida.  La indiferencia y deshumanización es abrumadora.  En México tienen esta extraña pero útil capacidad de resumir momentos en una frase:  Te cae el veinte.

Como decía el buen hombre Chögyam Trungpa Rinpoche Ahora es definitivamente ahora refiriéndose a la realidad, a cómo interactuamos y respondemos ahora, en este momento, mientras lees éstas líneas.  Y ahora, pues me voy a la calle.

Vivos los quiero.

Alexandra Avakian habla de su experiencia como fotoperiodísta, todo lo que le interesa decir, las fotografías que no lo logran y el coraje al hacer el trabajo que tenés que hacer. Que alguien le diga que mi corazón le pertenece.  Ya.