Veo y escucho entrevistas como si en ellas estuviera la salvación, todos los secretos, la cura de todos los tormentos.

En una de esas entrevistas, Leonard Cohen comentaba brevemente las mejores canciones que había escrito y cómo no se siente al lado de los grandes.  Se mencionaba a Louis Armstrong y calibres así.  Ya no sabe uno si se pasa de humilde, lo dice para encender la conversación o en verdad lo dice y en verdad lo siente.  Pero a Leonard Cohen, que ha visto El Futuro, vamos a creerle, siempre vamos a creerle, excepto esta vez.

Yo desde que conocí “Because of” no he podido dejar de escucharla, aún cuando ya no la estoy reproduciendo.

Y que bueno es no llegar al final de la obra de Leonard, no hemos llegado y no tenemos prisa.

Un ser con mucha luz ha decidido desprenderse de un libro que contiene un recorrido breve por su vida, la de Cohen, con algo de poesía y otro tanto ya de polilla; lo recibí y lo contemplaba como quien encuentra la salvación, todos los secretos, la cura de todos los tormentos.

Tengo tanto cariño por Jeff Garlin, mucho me hace reír en Curb, que regresa con nueva temporada, con su Stand-Up y, con su podcast: BTW.  He visto por lo menos dos de las películas que ha dirigido y la he pasado bien.

Resulta que estuvo involucrado con Finding Vivian Maier y por si fuera poco, habla muy bien, siempre que puede, de Lynn Shelton, otra directora a la que tengo igualmente en alto.  Ni hablar del ojo de Lynn, ya estaré erigiendo un post-altar separado.

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Gregory Porter tiene nuevo disco y me dispongo a disfrutarlo en estos momentos. Me parece conveniente publicar más Jazz. Le dedico algo de tiempo, lo busco me coquetea y no me falla, el Jazz.

Ya luego actualizo las favoritas del Take Me To The Alley.

Fíjense ustedes que, cada tres años más o menos le escribo a esta mujer para en pocas líneas expresar, cuando menos -espero- admiración.  No le escribo a su belleza física, no sabría cómo luce, no lo revela y está bien -me defiendo.  Le escribo para saber de su arte -me sigo defendiendo.  Torpe escribiré en otros idiomas, los suyos.

Sí nos revela en dónde está, alguna vez nos alertó de actividades suyas, siempre muy dignas de mucho valor, persiguiendo su rollo.

No está perdido el tiempo ni vacíos los espacios, no es vano el pensamiento.  En el pasar de los años siempre hay una respuesta; ahora más grande ella -y cómo no iba a serlo, cómo no iba a serlo ella- ahora más grande, sigue respondiendo.

En unos años más he de visitar su ciudad.
¡Que temor me da su ciudad!
¡Que grande es!
¡Que magia!

En tres años más, recién llegado, escribiré, claro está.
Preguntaré, de plano, por el mejor café.

Atienda ella o no, en tres años más verá usted aquí esa postal.

Ansioso subo al taxi, voy tarde.  Debo cruzar la ciudad, me espera una reunión importante, pero ¿qué es lo importante? pienso mientras invoco el vértigo galáctico para ponerle perspectiva a la cosa; funciona, siempre funciona.  Respiro.

Mi taxista, como serlo en la Ciudad de Guatemala lo requiere: muy alerta y despavilado, inicia el recorrido en silencio.  Como todo buen taxista diligente.

A medio camino, ya en la pausa que la Roosevelt impone en nuestras vidas, el taxista pregunta si conozco a un buen contador.  Pronto estará recibiendo una cantidad importante de dinero desde el extranjero y necesita estar asesorado, estar bien informado.

– Llevo varios días coordinando la transacción, estoy ayudando a una muchacha en Rusia.  Necesita salir de su país, ella viene en un par de meses.  Pero necesita enviar el dinero antes… -me dice.

– ¿Es su familia, algún amigo?.  -Decido involucrarme, escéptico.  Shute.

El taxista devuelve un sí cantadito y explica:  Es una amiga… hemos hablado por el Face… ella me encontró, me contó su vida y quiere ayuda para salir de su país, por política, parece grave usté’.  Yo, que medio entiendo inglés la quiero ayudar, va’a.

En este punto estaba yo conmovido por la sensibilidad que mi taxista demostraba al necesitado o por lo inocente, o por lo pendejo, o por lo entretenido que demandaba estar ante el vacío existir.  También estoy  justamente confundido, justamente temeroso de la psique del hombre al volante, como estarlo en la Ciudad de Guatemala lo requiere.

Cuando en la conversación yo empiezo a introducir el concepto del spam, qué es y cómo funciona, de cómo en Internet está lo mejor y lo peor de la humanidad, de cómo Facebook está lleno de princesas y empresarios que demandan nuestra ayuda para recibir sus dineros… siento la mirada, ya molesta, en el retrovisor.

Con qué derecho derrumbo yo sus rusas amistades.
Con qué derecho derrumbo yo su rusos proyectos.

Entonces le confirmé: sí, conocía yo a un buen contador, excelente, de hecho.  Es más, le dije, aquí tengo su tarjeta.  Procedí a sacar de una invisible billetera, una invisible tarjeta de presentación.

La extendí y él la tomó.

Feliz, la contempló y procedió a hacer como que la guardaba en la bolsa de su camisa.  En esas que solo los señores grandes utilizan, en esas que están del lado del corazón.

– Gracias, me dijo.  Vamos a seguir adelante, vamos a ver en qué podemos ayudar a la muchacha.
– Bueno. -contesté.  Ya como quien hiperventila.

Llegamos entonces a mi destino, mi salida de la unidad ha sido más apurada de lo normal.

No pierdo la oportunidad para desear éxito en su empresa.
No pierdo la oportunidad para pensar en Rusia.
No pierdo la oportunidad para pensar en las chicas rusas, solitarias, que buscan el amor.

A propósito del reciente y desafortunado presidente electo, Jimmy Morales.  También relacionado con el no más avispado, Otto Perez y el texto: Guatemala, profunda.

Mi plan de gobierno es simple: no me jodan, déjenme en paz, nada tiene arreglo, todo al final depende de los chinos, no esperen que yo sea el plomero o el gasfitero, llamen a otro más capacitado, declino porque sé que lo haría mal y hasta perdería la vida en el intento.– Jaime Bayly. No me pregunten por qué.

 

 

Yo que efectivamente crecí en zona de altos riesgos, sé decirles con certeza que prefiere uno dejarse ir con sus paredes, con sus pisos, prefiere uno dejarse caer con tanto cuadro y con tanto tapete.  Asumir que todo está bien, hasta que no, hasta el segundo último.

Esa cárcel, el no saber para dónde agarrar, también es una situación mental.  Para salir, deben aflorar desconocidas conciencias, mismas que han sido evitadas y no se han querido enfrentar, acaso como ficción, como cosa lejana serán reconocidas.

Cada block es un trancazo y con lágrimas han sido pegados.  Para soltarlos hay que tener la seguridad de estar salvando lejanas felicidades.  Desconocidos proyectos.  Y quién tiene ya el valiente tiempo para declararse vulnerable.

Pero muchas cosas se pueden hacer en zonas de alto riesgo.

Mientras llueve en una zona de alto riesgo puede uno elevarse y soñar con los nocturnos de Chopin.

Escuchar siempre a Mozart y a Beethoven en una zona de alto riesgo, mejor si mientras llueve.

Confundir los fotogramas de la noche mientras cae Stardust Memories, Hitchcock en múltiples reproducciones.  Aguaceros pesadilla después de Kubrick; en zonas de alto riesgo.

Se deben buscar todos los astros, todas las galaxias, toda nebulosa, cuánta obra de van Gogh sea posible y compartirla, con los más pequeños de una casa en alto riesgo compartirla, mejor será claro, cuando llueve.

Se puede descubrir del cine la nueva ola
a Chaplin
a Bergman
a Coixet
a Woody
qué alto es el riesgo.

Se debe escribir en una zona de alto riesgo.  Más de alguna cosa ridícula habrá que escribir en una zona de alto riesgo.
En una zona de alto riesgo se debe cantar.
Recordar, quizás, un baile.
¡Regresar con una foto a una zona de alto riesgo!
Yo que efectivamente crecí en una zona de alto riesgo, sé decirles con certeza.

De Damas y Caballeros:

Muchá, no soy feminista y probablemente jamás lo seré.  Me ganó el contexto, soy un producto cultural, cada vez lo sé mejor y hace ratos lo decía para mis adentros, me disculpo con el multiverso, me latigo en pasados generales y en otros más bien específicos, costrosos.

También me perdono y busco reconciliación.

No es que conozca mucho del feminism pero cada vez quiero escuchar más y a veces menos, no se crean.  Esto me lleva a buscar estas voces, regreso a ellas constantemente como quien rastrea ideas de apertura e igualdad.  Más abajo les dejo esas recomendaciones, antes un cortometraje:

Ya no hay caballeros

Ahora que en la Ciudad de Guatemala tenemos muestras de un transporte público más o menos eficiente, con buses ecológicos, articulados, con un viejito simpático que nos cuenta secretos de la ciudad mientras llegamos a nuestro destino y toda la cosa -hablo del Transmetro- los usuarios tenemos una indicación clara para seguir:  Deje salir antes de entrar.  No hay excepciones en dicho letrero.  Desde luego, el sentido común, que de común no tiene nada: estará ingresando una persona en silla de ruedas o sin ella y tantos casos más verdad ustedes; por supuesto, vamos a auxiiliarle, al que lo necesite pues.  Aún así, sería conveniente dejar salir antes de asistirle.

Dejar salir antes de entrar a las unidades es lo más eficiente para todos.

Ya, adivinaron, salí antes y no dejé entrar primero a tres señoras.  Tres señoras que disponían un ingreso apresurado y violento a la unidad ecológica, articulada, con el viejito simpático que nos cuenta secretos de la ciudad mientras llegamos a nuestro destino y toda la cosa.

Una de ellas, la más grande y entrañable, con la que tuve el encontronazo y titubeo al salir primero, sintió la necesidad de vocalizar con un dolor añejo, melancólico y apolillado:  Ya no hay caballeros.

Las hay todavía, señoras en las calles de la ciudad, esperando a un caballero o la falta de este, para así anunciarlo con el dolor o la victoria del caso.

Si esta señora no fuera la misma que va corriendo de regreso a su casa para atender al marido, al hijo, yo sería un caballero.  Si esta señora no fuera la misma que enseñará a su hija cómo servir a “los hombres de la casa”, a darles más comida porque los señores no pueden levantarse, ya ni hablemos de lavar el maldito plato, yo sería un caballero.

Parafraseando a Rose McGowan: dejen salir primero, tranquilamente, sigamos esa recomendación y yo sería su puto caballero.  You wanna play, let’s go.

Feminist Fridays by Marina Shut Up

Me gusta cómo se expresa Marina, me gustan las ideas.  Colabora con otros sitios y en general siempre hay referencias de actualidad.

Feminist Fridays

Broadly

Vice recién nos presentó Broadly y ya es nuestro nuevo canal de Youtube favorito.

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Stuff Mom Never Told You

Tengo ratos de conocer este canal, seguro es el más ligero en apariencia para empezar, el sentido del humor ayuda.  Nos ayuda.
Stuff Mom Never Told You

La mención honorífica es para Emy, su canal es variado: yoga, sexualidad, vegan, vida saludable.

Dios la bendiga.

La conclusión, ya quisiera yo una.  Las conclusiones se escriben todo el tiempo.  Solo hay que estar atentos.

Me preguntan, yo respondo con trailers:

White Bird in a Blizzard por el director Gregg Araki.  Por Eva Green y Shailene Woodley.

También estaré viendo Men, Women & Children por el tema tech/tech-dehumanization, a ver qué tienen para decir.  Y por Rosemarie DeWitt.  Rosemarie DeWitt.

Y por último, The Two Faces of January.

Y Boyhood

Desde niño escuché mucha radio mientras hacía los deberes del colegio y más grande, preadolescente quizá, descubrí que podía dormir con ella: la música clásica.  Luego el sonido intencionado seguía estando en otras actividades, como el diseño y deporte.   Ahora que paso mucho tiempo frente a la computadora, esa búsqueda me ha llevado a querer escuchar historias y encontrar gente que las cuenta.

Iniciaba escuchando algunos de estos audios muchas veces sólo con el ánimo de aprender algo de inglés, pero en la mayoría de ellos hay una que otra perla para guardar y compartir:

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Radiolab es quizá mi podcast favorito.  Es tan amplio.  Está tan bien hecho.  Uno sólo se da cuenta de eso hasta que escucha otros intentos en español que quieren llegar a ese nivel.   Sigan intentando por favor, alguien tiene que hacerlo.

Hay demasiados favoritos para enlazarlos aquí pero voy a recomendar dos:  What’s Left When You’re Right? y Dark Side of the Earth.

 

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Encontré que Shop Talk Show es una forma de mantenerme actualizado en temas de diseño y desarrollo web, es divertido, tal vez demasiado divertido.

 

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Escucho PageBreak desde que empezaron, también hablan de diseño y temas relacionados.  En sus inicios Niki y Liz hacían reviews de libros, los audios más extensos.  Los hay breves, en estos discuten los temas del blog post que más llama su atención en ese momento.

 

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Here’s The Thing es un podcast muy elegante y sofisticado, la calidad que tienen los audios en todo sentido:  A nivel técnico si se quiere y el ambiente que se logró crear en cada entrevista.  Algunas conversaciones interesantes: con Rosie O’Donnell y los hijos de Leonard Bernstein.  Luego de esto, MSNBC buscó hacer una versión también con Baldwin, en video… sin mucho éxito.  Desconozco si regresarán con más entrevistas en este formato.

 

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¿Por qué escuchar Pop Culture, Happy Hour?
Por el pop.
Porque son divertidos.
Al final de cada post existe una pregunta que relacioné con otra que Alec hacía a Lena en Here’s The Thing, iba algo así: What comforts you on T.V?  Y en ese momento yo entendí la pregunta, la entendí porque esas cinco palabras describían mejor que nada lo que esa caja boba lograba, al menos en mi caso.

Volviendo al tema, la pregunta con la que cierran en Happy Hour es:  ¿Qué te hace feliz esta semana? 

Menciones Honoríficas

Design Matters: El podcast de Debbie Millman.

By The Way, In Conversation with Jeff Garlin: El podcast de Jeff Garlin era divertido, hay muchas referencias ahí a cosas que se deben ver y escuchar, gracias a eso conocí el trabajo de Lynn Shelton, por ejemplo.  Jeff Garlin también está involucrado con Finding Vivian Maier y otra película para este año que se ve muy bien pero que no voy a enlazar aquí.  El tipo tiene buen gusto.

Recién anunció en twitter que regresan.  Algunos favoritos con Amy, Lena, y Larry David.

LSTpodcast: Podcast de Eduardo Arcos, a la fecha de este post, han publicado uno solo en soundcloud, pero prometen seguir… los temas: Tecnología y Gossip Tech.

Toma tu barco y huye, hombre feliz, a vela desplegada de cualquier forma de cultura. — Epicuro

 

A dos o tres personas he contado ya, la fantástica anécdota del personaje misterioso que recuerdo ya entre sombras, pero con especial ilusión.  Esa tarde me disponía a leer cerca del Tanque de la Unión, eran días de celebración en si mismos, la primera linea de la plana, una muestra, el trial version, el Barbuchin de la vida vaya.

No tan sumergido en la lectura y mas pendiente de las fotos que daban los peatones, veo acercarse a quien llamaremos para efectos de este breve relato del pasado: Anunciador.   Anunciador extendió su mano ofreciéndome un reloj y dijo:  Ha llegado el barco.

Nada más.

¿Y si era Epicuro hablándome a mí? Hablándome de frente, invitándome.  Me quedo con la poesía.  Con la más imposible de las conclusiones.

Uno se toma su tiempo para caer en cuenta acerca de estas cosas, ponerles nombre y apellido, revisar, abrir aquí, escudriñar.
Y ya, que llego el barco.

I

A cierta edad se tiene el mínimo valor requerido para sacar a bailar sino a la más bonita de las niñas, a la más creativa.

La niña Z. me hacía reír todos los días, constantemente, tanto que llegué a considerar como un grave error sentarme a su lado todos los días.  Mi productividad se veía seriamente afectada; yo tenía una reputación que mantener, sí señor.

Z. era misteriosa. Desaparecía a la hora del recreo. Todos los recuerdos que tengo de ella son haciéndome reir en horario de clase, intentando retomar el hilo de la cátedra debido a la última de sus ocurrencias.  Recuerdo buscarla por todo el colegio a la hora del receso, preguntar por ella incluso… y nada.  Se esfumaba.

Pero el día de la fiesta más importante del año se acercaba.  Mi asistencia a tan gloriosa actividad, desde luego, debió ser provocada por la de ella (aún sin tener esa confirmación porque… claro ¡no podía preguntarle! ¡que iba a pensar de mí!)  Un carajo sabía por aquellos días lo que era bailar (como sucede hasta el presente) y por lo tanto, no había pensado en nada más para decir o hacer.  (Maldita sea ¡¿por cuánto tiempo se baila?!)

Representación

Horas pensando cómo persuadir a la niña más divertida que había conocido jamás para que aceptara mi humilde, entusiasta y por demás inocente invitación a bailar. Pero ¿por qué querria mover su cuerpo al compás del mío? ¿le gustaba tan siquiera hacer eso?

En este tipo de fiestas, nadie hacía uso de la pista de baile sino hasta la quinta o décima melodía.  No sabría señalar la razón exacta; era un fenómeno social interesante, cuando menos.  El ritual consistìa en rodear el salón de baile (las mujeres en un extremo y los hombres en otro) dejar transcurrir el tiempo hasta que la degeneración y el calor humano reclamara todas las almas presentes; el arrepentimiento generalizado se apoderaba de los involucrados bañados en sudor ahora que, digamos, habían entrado en confianza y se movían deshinibidamente (algunos mejor que otros) por haber dejado pasar cinco canciones.

Cualquiera podría anticipar o sugerir el mejor momento para invitar a bailar a Z.: el de la euforia colectiva y justo en medio del conglomerado.  Pero había más ansiedad que temor y decidí hacerlo cuando apenas iniciaba la música.

Z. se limitaba a observar a las pocas parejas que empezaban a moverse tímidamente a pocos metros.  No tenía la mínima intención de formar parte o al menos esa era la pinta que tenía.  Pero los dos estábamos ahí y debía salir de dudas de una vez y por todas.

No.

Fue lo que contestó moviendo la cabeza mientras escondía su rostro lleno de pecas sonriendo como diciendo: sí pero no o, no sé bailar o, no me gusta esa canción pero a ver la siguiente o, me falta la pierna izquierda.

Con más de cien años de historia, el día de hoy la Huelga de Dolores no logra más que provocar pena ajena en la mayoría de casos.  Lo anterior para los más observadores.  Risas nerviosas y carcajadas para los más, diríamos, relajados.

Este año no tengo el más mínimo ánimo de ir a ver borrachos y caminar entre basura.  Probablemente sólo publique un facts about en el que ya trabajo.  También deseo publicar algo relacionado con la historia de Oliverio Castañeda, que ya sólo va dando para ver y hacer desfiles de nostalgia.

Como dicen los Volver:

no quiero oír quejas
quiero ver propuestas

Ya.