El Oscuro Silencio de la Nada

La noche de hoy, leyendo feeds atrasados me encuentro con un texto precioso que escribió la periodista Dina Fernández en su blog:  (leer post completo en una nueva ventana)

…aquí mueren 20 Facundos todos los días. Ojalá esta muerte nos obligara a revalorar la vida en sí misma, a recuperar el asombro ante el milagro –no sólo biológico, sino cósmico—que significa cada una de ellas: el triunfo de una chispa, un fosforazo, ante el oscuro silencio de la nada.

Me hizo sentir solo, pequeño, vértigo.  (Luego recordé una línea de la película Heat que decía más o menos así:  No me siento solo porque estoy solo.  Pero no es más que un dato curioso y deseo dejar constancia de cómo las ideas van apareciendo)

Entonces recordé que no era la primera vez que me sentía así.  La segunda de esas veces sucedió una mañana que recuerdo gris y ya no lo atribuyo al clima.  Guardaba la loción en mi mochila minutos antes de bajar del bus hace ya, varios años.  La guardaba porque olvidé dejarla en la casa y no se suponía que estuviera en mi bolsa..

No pasaban ni cinco segundos de lo anterior cuando tres jóvenes me ofrecieron un intercambio que, sinceramente me pareció justo:  La vida a cambio del celular.  Pensaron que guardaba un celular; digo jóvenes pues estoy seguro no eran más que un par de años mayores que yo. La calle endurece, amarga las facciones y por lo visto el alma)

El primero, frente a mí, llevaba un sudadero rojo; no había más color para ver.  El segundo, sentado a mi derecha, establecía las condiciones y hacía alarde de su ya acostumbrada indiferencia al accionar el gatillo, sus palabras también parecían ser lo último que escucharía.  El tercero de ellos, sentado en el asiento de atrás sólo registraba mis vacías bolsas y era lo último que se me estaba permitiendo sentir.

Es un intento por apalear el vulgar e insignificante final que veía venir, mi mente parecía volar en busca de algo que valiera la pena ser visto… ¿Qué conocía por aquellos días que mereciera ser acarreado con tal prisa y fuera digno de ser contemplado?  (como si tuviera todo el tiempo a mi disposición) intentaba recordar algo que haya sido suficiente como para dejarse llevar… ¡sonidos!.  También estaba en busca de caricias en algún rincón del tiempo con una angustia desconocida para mí hasta ese entonces.   Todo entraría a este último, improvisado y pestilente listado que recuerdo ya entre grises y blanco.

Había nada.  Eso era todo.  Poco sabía yo en esos días que no sería lo único que haría falta, va quedando más claro.  Los mantengo informados.